La finca


El maravilloso mundo del aceite

A simple vista la imagen que usted tiene delante es un bonito ramillete de aceitunas, pero le invitamos a que la mire de nuevo con detenimiento; lo que está viendo es la fábrica de AUBOCASSA.

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Cuando llegamos a este maravilloso mundo del aceite, procedentes del complejo universo del vino, esto fue lo que realmente nos emocionó: cómo un insignificante fruto puede crear en su interior, por si solo, un líquido tan magnífico, listo para ser consumido, dispuesto a perdurar durante años, la única grasa vegetal del mundo que puede consumirse sin que tengamos que procesarla químicamente.

Nos sorprendió la evolución del aceite dentro de la aceituna, como va cambiando su color, sus aromas y sus sabores, desde los verdes, herbáceos, amargos y picantes hasta los amarillos, dulces y untuosos.

En ese peregrinar organoléptico hay un momento excelso, donde mil frutas a la vez se concentran para dar su aroma, tomates, hierbas aromáticas, manzanas, plátanos, kiwis, pomelos, verduras,… todas juntas dentro de una aceituna, rindiendo honor a la protagonista del Mediterráneo.

Parece que juegan a ofrecer un singular momento de gloria, que esperan que alguien rescate, en el instante preciso, del imparable proceso biológico para ofrecerlo al mundo como un nuevo concepto de aceite…

Un zumo de fruta fresca en su momento de sazón.

Esto, sencillamente, es AUBOCASSA


La finca

La finca Aubocassa (Albocasser) está en Mallorca (Islas Baleares) en el término de Manacor, al este de la isla, uno de los pocos lugares donde el sabor de la Mallorca agraria ha sabido perdurar a lo largo del tiempo.

Es una antigua heredad, ya citada en los documentos del s. XII en la que el paso de la historia ha ido dejando muestra de los distintos cultivos que han forjado el campo mallorquín. Los acebuches son testimonio inequívoco de su pasado oleícola; la bodega nos habla de su esplendor vitícola; los corrales y el frondoso redil de sesteo recuerdan su época ganadera; las antiguas cisternas de acumulación de agua de lluvia indican la filosofía de aprovechamiento del Mediterráneo; y los almendros, higueras y algarrobos son el sello agrícola de los siglos XIX y XX.

La pequeña iglesia de la finca ha sido testigo de esta evolución y preside junto a sus dos cipreses, el resurgir de los olivares y de un aceite insospechado.

Los suelos son calizos, formados por un hojaldre de lastras horizontales que guardan entre sí acumulaciones de arcillas fértiles. Las raíces aprovechan las fisuras para atravesar las lastras y exploran con avidez los sucesivos pisos.